

El abominable hombre del Oregon
Los trabajos de Evan B. Harris son como un viaje por el sótano de la abuela. Bueno, vale… un viaje de ácido lisérgico por el sótano de la abuela. Sus personajes son marineros de bigote, niñas vestidas a los años 20, lobos en trajes demodé, todos en líricos tonos pastel. Los cuadros donde están pintados fueron debidamente “envejecidos” a base de hostias y rasguños descaradamente intencionales. Pero la apariencia distinguida no consigue amenizar su extrañeza. Metidos en el estomago de alguna ballena gigante, tocando pianos que tienen selvas en vez de cuerdas o volando montados en alces en días de tempestad, eses personajes son parte de una fauna onírica, que sólo existe en las leyendas y fábulas, debidamente revistas por la delirante imaginación del artista… Un folclore particular hecho de sirenas, monstruos y una sobredosis de nostalgia…
Por otro lado, la vida es muy aburrida… creo que por eso siempre me gustó tener la ficción por encima de la realidad. El folclore satisface la necesidad de escaparse en las personas que lo practican, ya sea pintando, escribiendo o componiendo.
Uno de mis personajes folclóricos preferidos es Moby Dick, porque mola la posibilidad de que existiera un ser así. Cuándo Melville escribió sobre ella, nadie tenía ni puta idea de lo que existía en la profundidad del océano. No estaría nada mal que hubiera una ballena blanca gigante allí en la oscuridad…
Mi principal influencia, además del folclore, es el trabajo de mi padre, Robert Harris. Él construye los muebles y juguetes folk-primitivos más flipantes. Y como si no bastara, pinta como un maestro del Viejo Mundo. Su arte es la única que adorna las paredes de mi casa.
El material con el cual más me gusta trabajar es la pintura acrílica… pero sólo después de dejarlas descansar en agua parada, para que huelan fatal. A mi me gusta golpear, rascar y lijar mis piezas para que puedan dar esa sensación de antigüedad, como si hubieran viajado en el vagón de una carreta tirada por caballos o cruzado el océano en un velero.
Me gusta verme a mi mismo como un tipo a la antigua. Uso botas de cowboy cada día y creo que ese siglo 21 es una puta mierda. Si alguien me propusiera entrar en una máquina del tiempo e ir donde quisiera, me escaquearía al pasado sin pensar.
Quizás por eso, no uso ningún tipo de tecnología en mi trabajo – sólo sangre, sudor y lágrimas. Estoy demasiado estancado en mis antiguallas como para intentar algo nuevo. Dejo la tecnología para los que pueden entenderla... Pero por otro lado, vivir en ese siglo me proporciona un mogollón de historias locas que me sirven de inspiración, así que no es de todo mal.
Me has preguntado si no me gusta nadie (ni alguna cosa) por eso que escribí en mi MySpace. A ver… me gusta mi padre, mi hermano, mi abuelo, mi novia… ya sabes, ese tipo de gente. Pero la mayoría de las personas es bastante decepcionante. No es que yo mismo sea un santo o algo por el estilo… soy la persona que más me deja cabreado.
En cuanto a las cosas… No suelo leer tanto cuanto me gustaría, ya sabes, es difícil leer mientras se pinta. Pero por lo menos puedo escuchar. Hay un mogollón de podcasts que me gustan – The New Yorker Fiction, PRI Selected Shorts, The Classic Tales Podcast…
También veo muchas pélis, o más bien las oigo mientras estoy trabajando. Ahora mismo estoy supermetido en ese rollo Woody Allen. Ya he oído Annie Hall unas 20 veces, “the most fun I've ever had without laughing"*, ya sabes…
Y también me gustan algunos animales – búhos, conejos, ballenas, zorros, osos, mariposas nocturnas… las mariposas nocturnas cuentan como animales, verdad?
Lo que pasa es que hago es arte y eso es todo – no intento hacer parte de nada más. Hay gente que cree que para ser considerado un artista o ser tomado en serio, tienes que encajarte en algún cajón. Trabajo desde mi corazón, todo va de sentimientos.
Nunca me ha interesado el lado técnico del arte, no sé las palabras adecuadas para describir lo que hago, lo dejo para los que se interesen en hacerlo. Pero sé como el arte me hace sentir y eso es lo que importa.
Eso y llevar mi arte hasta donde la puedan ver. Eso es lo bueno de la web – flickr, MySpace, facebook, blogs… si no fuera por ellos no estaría hablando con vosotros ahora.









